anibal nuestro shar pei
Este dulce perrito casi me mata de un síncope. Cuando lo llevé a hacer sus necesidades al patio, le pegó un mordiscón a un cactus lleno de pequeñas espinitas. Le quedó la bocaza con los cactus clavados, y yo lejisimos de los guantes de jardin o de cualquier trapo, intentando con la mano sacarle todo, mientras lloraba como un marrano. No sé como hice, pero de la desesperación fui sacando todo, y se salvó. Tiré el cactus a la basura, de la bronca que me dio, pero el pobre cactus no tenia la culpa.
Para colmo, cualquiera diria que ahora nunca mas mordera un cactus, pero cualquier vegetal con bolitas rojas que ve, es mordido y masticado avidamente en un instante.
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